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La obra
El montaje
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"La fuerza lastimosa"

de Lope de Vega



Fotografías

 

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La obra

Estamos en el tiempo del fin de la historia, aquel en el que los relatos se colapsan y sólo podemos expresar diminutas anécdotas cotidianas. Tal vez por eso nos atrapó la autoconsistencia de esta fábula terrible, de esta magnifica "tragedia española" sucedida fuera de España, en uno de aquellos misteriosos países donde sólo pueden darse las "comedias a fantasía".

Desde el vigoroso inicio, una persecución, hasta el último golpe de efecto, Lope de Vega nos sume en un torbellino de pasiones encontradas más propio de la novela bizantina que de nuestra dramaturgia áurea. El final moral será pues el remate de una cadena de sucesos cuyo origen está en el primer "pecado contra natura".

Todo pecado grave atenta contra el equilibrio de la naturaleza, pero también socava el estamento social. En esta función, la manifestación del orgullo personal se presenta en detrimento del orden establecido. Los personajes, envueltos en la vertiginosa peripecia cuestionan la fidelidad , la desobediencia y la ambición con sus extremosos comportamientos. La turbación que provoca el amor- afección mental se extiende por el reino como una plaga imparable ante la que no se puede reaccionar con mediocridad. Una serie de errores de juicio, de falsos análisis de la realidad, se unen a los comportamientos vehementes que precipitan la tragedia: se equivoca la princesa al intentar conseguir su amor por medios ilícitos, se equivoca el rey al encarcelar a un falso culpable y en fin, se equivoca el marido que sin saberlo está dictando la sentencia de muerte contra su esposa.

¿Estamos entonces seguros de la "inocencia" de los comportamientos más nobles? Nunca es del todo posible. Tenemos la convención dramática barroca enfrentada a nuestra racional manera de entender el mundo y un diferente principio de causalidad que acercar a nuestra lógica; sabemos que en La fuerza lastimosa los conflictos internos se expresan mediante unos casos límite llenos de intensidad poética. La fuerza lastimosa nos hace recuperar la verdad poética más allá de cualquier estrecha verosimilitud.


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El montaje

Con La fuerza lastimosa abordamos por cuarta vez un título clásico y desconocido. Será la tercera vez que la compañía trabaja sobre un texto de Lope de Vega. El primero de los títulos fue una comedia mitológica: La bella Aurora (Octubre de 1994). El segundo una inusual comedia de enredos y disfraces amorosos, No son todos Ruiseñores, de reciente estreno (Enero de 2000). En la primera optamos por la búsqueda de un mundo fantástico que envolviese a los personajes en su peripecia, y en la segunda por una actualización que nos permitiese contemplar las múltiples caras del prisma del amor al superponer las distintas capas temporales.

Tanto entonces como ahora seguimos tratando de leer a nuestros clásicos desde una óptica contemporánea, con un revestimiento plástico absolutamente contemporaneo y unas formas interpretativas basadas en el amor a la palabra pero huyendo de la declamación que tanto nos aleja del verso como forma.

La fuerza lastimosa tiene la ventaja de la compleja peripecia como base. Nos encontramos ante una historia tremendamente teatral, donde la acción salta todas las barreras y no deja respirar un minuto. Una historia que pide forma y resoluciones teatrales, de maquinaria, de truco escénico, de desmesura. Con este trabajo pretendemos encontrarnos de nuevo con el escenario como caja de sorpresas. Con el teatro teatral y descarado orientado hacia una historia de aventuras y desventuras muy humana, que se inicia por deseo, envidia y ambición, y acaba, llevada de la mano del destino, cerrando un círculo que nunca se debió comenzar a trazar.

¿Reconstruir? ¿Respetar? ¿Sacrificar esa comunicación para que un grupo de supuestos eruditos del teatro, que realmente de lo que saben es de literatura dramática y usos teatrales derivados de los escasos testimonios que han llegado hasta hoy del pasado, se reconforten y discutan si Juan Rana debía decirlo más o menos de esta o aquella manera?. No digo que alguien no lo deba hacer, que cada cual haga lo que quiera y como quiera. Unicamente digo que es algo que a mi simplemente no me interesa. Y tengo esa desgracia: creo que todo el teatro es necesariamente contemporáneo por que se hace en el momento y en el lugar que lo ve el espectador.

Entiendo que los textos que llamamos clásicos constituyen uno de los graneros mas apetecibles de historias a contar, a utilizar. Yo me considero alguien que utiliza historias de otros que yo hago mías para contarlas a un público que espero que me entienda. Sólo se hacerlo así. Algunas historias requieren una mayor transformación que otras para que yo quede satisfecho artísticamente hablando, pero invariablemente pasan por mi turmix. Eso no quiere decir que no trate de entenderlas a fondo antes de pasar a su posible uso, pero parto de mi gente y de mi para hacer teatro. Creo que es la única manera de ser honesto con aquellos a los que cuento mis historias y creo también que es la única manera en la que se puede hacer algo que valga la pena. Afortunadamente hay muchos que piensan de otro modo.


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Ficha artística
Dirección
Eduardo Vasco
Versión
Yolanda Pallín
Intérpretes
Infanta Dionisia Lidia Palazuelos
Conde Enrique Daniel Albaladejo
Duque Otavio Fernando Gil
Rey de Irlanda Fernando Romo
Belardo Jose Vicente Ramos
Hortensio y
Don Juan (niño)
Elena Rayos
Marqués Fabio Aitor Tejada
Condesa Isabela Elvira Cuadrupani
Escenografía
Richard Cenier
Vestuario
Rosa García Andújar
Diseño de iluminación
Miguel Ángel Camacho
Fotografía
Chicho
Diseño gráfico
Millán de Miguel
Ayudante de dirección
José Bornás
Ayudante de producción
Ana Zamora
Realización de vestuario
Mari Ángeles Marín
Realización armadura
Morboria
Construcción de decorados
Atelier Ceta
Producción
Miguel Ángel Alcántara


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Críticas de prensa

 ABC Talavera
 La Gaceta de Salamanca
 Lanza Ciudad Real
 La Tribuna Ciudad Real
 El Mundo
 La Razón
 Retoque Punto